Dónde poner el foco en tu proceso de aprendizaje en Wing Chun
En el proceso de aprendizaje del Wing Chun, la mayoría de los alumnos —y especialmente los occidentales— tienden a centrar su atención en el lugar equivocado. Cuando trabajamos Chi Sau o San Sau, muchas veces lo convertimos en una especie de duelo interno donde el objetivo parece ser no dejar que el otro me toque. Pero si nos quedamos ahí, perdemos por completo la esencia del entrenamiento.
El propósito del Chi Sau no es demostrar quién puede resistir o quién tiene más fuerza. Es un ejercicio diseñado para refinar nuestra sensibilidad, nuestra estructura y nuestra capacidad de respuesta, no para imponer resistencia.
Sin embargo, el ego entra en juego. Nos cuesta aceptar ser tocados, porque sentimos que eso significa “perder”. Esa reacción es puramente instintiva, la misma que cualquier animal tiene frente a una amenaza. Pero el Wing Chun no se basa en el instinto animal, sino en la transformación de esos impulsos primitivos en reacciones técnicas, racionales y refinadas.
Este proceso lleva tiempo. Requiere humildad, paciencia y sobre todo honestidad. No se puede avanzar si uno entrena intentando siempre “ganar”. En el momento en que nuestra prioridad es no ser tocados, dejamos de aprender.
Solo cuando aceptamos ser tocados y también tocar desde un estado neutral —sin frustración ni orgullo— empezamos a comprender lo que realmente ocurre entre ambos. En ese espacio es donde se produce el aprendizaje real.
“Limpiar el ego” no significa rendirse. Significa abrir espacio a la observación, dejar que el cuerpo y la mente asimilen lo que funciona y lo que no. Cada vez que alguien nos toca, no estamos perdiendo: estamos recibiendo información valiosa sobre nuestros vacíos, nuestros ángulos, nuestra estructura o nuestro tiempo.
Y esa información es precisamente lo que necesitamos para mejorar.
Cuando practicamos desde el ego, todo se tensa. Queremos demostrar, resistimos, empujamos, bloqueamos… y con ello rompemos la conexión, que es la esencia del Chi Sau. Cuando practicamos desde la aceptación, la intención cambia: ya no reaccionamos por miedo o por orgullo, sino por comprensión.
Entrenar Wing Chun es, en gran parte, entrenar la mente. No se trata de resistir, sino de reconocer lo que está pasando y adaptarse.
No de “ganar” al compañero, sino de ganar claridad sobre uno mismo.
Solo cuando entendemos esto, el Chi Sau deja de ser un combate y se convierte en lo que realmente es: un espejo que refleja nuestra manera de reaccionar ante la presión, ante el error y ante el contacto real.






